La pilcha y yo

“te gusta la pilcha. Cuando tenes algo nuevo te encanta y vas al espejo a mirarte.” Me cuenta mi mamá, para ese entonces yo tenía un año y medio. Así que mi relación con la moda viene desde que soy muy chica. Recuerdo que tenía vestidos, maquillaje y bijouterie que habían sido de ella o de alguna de mis abuelas y que siempre los usaba para disfrazarme, cuando jugaba con mis amigas yo siempre quería usar un vestido blanco con flores, el gusto por las flores también es algo que arrastro desde chica.

Pero en la adolescencia algo pasó que hizo que me olvidara de todo esto, y empecé a vestirme con colores oscuros, remeras de bandas y pantalones algunos talles mas grandes que el mío. Me pelee con esa feminidad que disfrutaba explorar cuando era una nena. En mis veintes -Pinterest mediante- me volví a conectar con ese lado que habían quedado ocultos bajo las remeras de de bandas de rock, y los colores y las flores volvieron a formar parte de mi guardarropa, también el maquillaje y los accesorios.

Yo siempre fui una mujer muy curiosa y eso fue lo que me llevó a querer investigar sobre las prendas que veía en las fotos, las modelos, en los o las fotógrafas que hacían las producciones de fotos y todo lo que estuviera relacionado al mundo de la moda. Cuando tuve que elegir una carrera elegí comunicación, pero cuando quise ponerme a escribir sobre moda sentía -y siento – que hacía agua, siempre hay algo nuevo o algo viejo que no sabía. Quizás sea un miedo de escritora inexperta.

Hoy se algunas cosas más de mí que no sabía cuándo era más chica, a mí me gusta estar bien empilchada, pero también me gusta estar cómoda para poder manejarme con total libertad en esta ajetreada ciudad que te hace bajar del colectivo y caminar porque una manifestación hizo que se modificara el recorrido y que, sin cortes comerciales, cuando cae el sol te invitan a tomar una cerveza.

No es fácil, menos cuando las marcas manejan precios muchas veces restrictivos y donde los fabricantes se inventaron una de las mejores estrategias de marketing de los últimos tiempos: el talle único. ¡Como si tal cosa existiera! Lo que lo convierte en una gran estrategia de marketing no es que sea algo bueno, sino que perduró en el tiempo y que se hizo sentido común en la sociedad. ¿A quién se le ocurrió semejante barbaridad? Me pregunto, y me respondo que seguramente es a la misma persona que decidió traer una tabla de talles estándar del norte del mundo ignorando que las latinoamericanas tenemos caderas y busto. La periodista Luciana Peker al respecto en su libro ‘Putita Golosa’ dice que el disciplinamiento del cuerpo único no es inocente, casual o despolitizado, que “como toda exclusión, quedar afuera del placard de la moda es quedar encerradas en el closet de las indeseables” Y yo coincido.

Creo más en  buscar el estilo propio que en seguir las modas, que cambian cada vez más seguido. Prefiero buscar cosas que me gusten y que me hagan sentir bien a estar con una prenda  que me hace sentir incómoda pero hay que usarla por que las ‘Las Tendencias’ lo dicen. Mi armario ideal tiene uno -o varios- ‘the little black dress’, polleras acampanadas y vestidos que parecen sacados de una colección de Dior de los años 50. Aunque en la realidad los pantalones son lo que más se ajusta a la vida urbana, los zapatos o zapatillas al ras del suelo y prendas de colores lisos que sean fácilmente combinables.

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